La Revolución de las Viejas no tiene sede ni conducción central. Creció de manera silvestre, por contagio, porque tocó algo que estaba sin nombre. Hoy reúne decenas de miles de mujeres en Argentina, Chile, Uruguay y España, organizadas en grupos territoriales y temáticos que se autogestionan.
Los grupos trabajan sobre temas tan distintos como la sexualidad en la vejez, la vivienda colaborativa, el trabajo después de los 50, la salud, los derechos, la autonomía económica y la cultura. Lo que los une es una misma convicción: la vejez no es el final de nada. Es una etapa larga, activa y con derecho a ser diseñada.
Hubo dos grandes encuentros nacionales que reunieron a mujeres de todo el país para debatir, compartir, hacer performances, talleres y también simplemente estar juntas. Además de decenas de encuentros locales en cada ciudad donde el movimiento tiene presencia.