Ni nietos ni crochet, «queremos hacer la revolución de las viejas»

Ni nietos ni crochet, «queremos hacer la revolución de las viejas»

Mujeres de más de sesenta, feministas y militantes reclaman políticas públicas pensadas para «la etapa más larga de la vida».

Decir que son “adultas mayores” no les gusta, de la “tercera edad” directamente les parece un espanto; por eso eligen presentarse como “viejas”. Mujeres que pasaron los 55 años, algunas hace más tiempo que otras, y están transitando “una de las etapas más largas” de la vida. Por eso, decidieron que había llegado la hora de resignificar el término, sumarle una connotación amorosa, y empezar a reclamar las políticas públicas necesarias para la calidad de vida de una generación que se considera “hija de las madres de los pañuelos blancos y madre de las hijas de los pañuelos verdes”. El próximo lunes, se sumarán a la marcha por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora con sus pañuelos plateados. Llegó la hora de “la Revolución de las Viejas”.

   Quien tiró la primera piedra fue Gabriela Cerruti, periodista y diputada del Frente de Todos, a través de un video que publicó en la red social Instagram, donde reflexionaba sobre su propia vejez y la importancia de pensar políticas de bienestar para quienes pasaron los 60. En un día, las imágenes que la muestran hablando frente al espejo, mientras se saca el maquillaje, tuvieron cien mil visualizaciones. Pero la cosa no quedó ahí, en varias ciudades del país grupos de mujeres empezaron a juntarse, a charlar y a reconocerse como un colectivo.

En Rosario, “las viejas” ya tuvieron dos asambleas de las que participaron más de 60 mujeres, la primera en el Patio de la Madera, la segunda en un local céntrico, y formaron comisiones de trabajo para presentarse públicamente el próximo lunes. Hay una comisión de “viejas de prensa”; otra de “arte”, encargada de confeccionar pañuelos y banderas, y hasta una de música, con su propio candombe. Y también compraron glitter plateado y esmalte de uñas al tono.

“Evidentemente Cerruti supo tocar una cuerda muy sensible, una necesidad latente”, dice Silvia Hallam. La Turca tiene 56 años trabaja en el área de Niñez de la provincia y no piensa su futuro encorsetada en un batón y cuidando nietos. La invitación a sumarse a las viejas le llegó casi por casualidad a través de Facebook (donde hay un grupo público que ya suma 28.215 miembros). Al principio, dice, le pareció sólo un grupo para hacer catarsis, pero los debates trascendían achaques y quejas.

Las “viejas” se definen como un grupo identificado con las luchas feministas, en contra de la violencia, a favor de la igualdad, de la educación sexual y del aborto legal, “pero desde nuestro lugar de viejas tenemos necesidades particulares, como por ejemplo el tema de la vivienda, la salud, la pobreza, la soledad y la necesidad de que la vida sea digna, hasta el último momento”, resume Alicia Ferrero, 75 años, psicóloga jubilada, militante peronista y de derechos humanos.

“Lo más interesante del movimiento de mujeres es que se trata de un movimiento horizontal y transversal, que cambia la lógica de los partidos políticos, con su jerarquía patriarcal, verticalista y misógina por una forma de participación más democrática, donde la preocupación no es el poder por el poder mismo, sino por su posibilidad transformadora”, suma Raquel Kreichman, 74 años, licenciada en letras, especialista en semiótica y análisis del discurso, y militante del primer socialismo.

La militancia, las hijas, la vejez

Alicia y Raquel eran universitarias durante las noches que siguieron al golpe de Ongania. Silvia tenía doce años el 24 de marzo de 1976. “Somos la generación que leía a Simone de Beauvoir, de la píldora anticonceptiva, de la minifalda. No queremos ser las viejas que fueron nuestras madres. No podemos”, dicen quienes se identifican como “hijas de las madres de los pañuelos blancos y madres de las pibas con los pañuelos verdes”.

Consideran que forman parte de una nueva forma de vejez. “No se puede generalizar sobre qué es ser vieja, porque no todos van a vivir igual. Depende del nivel socioeconómico y de cómo se percibe cada mujer. Pero hay temores que sí pueden ser comunes sobre todo a quedarnos solas o a llegar hasta el último momento de la vida dignamente”, explican.

Por eso, empezaron a reconocerse, a pensarse y a encontrarse. Para empujar políticas para ellas, mujeres de clase media con acceso a un capital simbólico e intereses políticos, y también para otras mujeres que carecen de ese privilegio. El lunes, a las 17, concentrarán en la plaza Montenegro para marchar hasta el Monumento. El camino recién comienza.



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