Vamos a vivir más años. Eso ya es un hecho demográfico. Lo que no está resuelto es cómo.
No estamos preparados. No lo planificamos como individuos, y tampoco como sociedad. No hay suficientes recursos, ni sistemas de cuidado, ni redes de apoyo para acompañar una vejez larga, activa y digna. La longevidad extendida llegó antes que las respuestas.
En ese contexto, la longevidad corre el riesgo de convertirse en un nuevo privilegio: vivir muchos años bien va a ser posible solo para quienes tengan dinero, vínculos sólidos y acceso a servicios. Para el resto, más años puede significar más soledad, más precariedad, más dependencia.
Las Longevidades Dignas es el marco político con el que Gabriela Cerruti trabaja este problema. Parte de una premisa simple: vivir mucho y vivir bien no puede ser un lujo. Tiene que ser un derecho.
Eso implica hablar de políticas públicas de cuidado, de acceso a vivienda, de mercado laboral sin edadismo, de sistemas de salud que no traten la vejez solo como enfermedad. Implica reconocer que la vejez es política — que las decisiones que tomamos como sociedad hoy van a determinar cómo envejecemos mañana.
Longevidades Dignas no es un programa de bienestar individual. Es una agenda colectiva.